La semana después de presentar a mis alumnos con el tema de escritura que se trataba de los problemas en nuestro mundo que les hacen enojar, les sorprendí a todos. Les hice pensar en la otra cara de la moneda.
Con mi espalda hacía mis alumnos, empecé a escribir emocionadamente con letras grandes en la pizarra al frente de nuestra aula sin muebles:
Cuales son algunos problemas (pecados) adentro de ti que te hacen enojar? Por qué?
Cuando terminé, di un paso para atrás, revelando el nuevo tema de escritura. Varios niños inmediatamente tuvieron preguntas y dudas, como si sus mentes no pudieran entender lo que les estaba preguntando. Me ríe — nosotros humanos! — y empecé a explicar con mas detalle el hecho de que la maldad que existe en nuestro mundo — todos los mentiroso, los niños que se burlan de otros, la gente que ignora a los pobres, los que hacen guerra — también existe adentro de cada uno de nosotros.
«La semana pasada mientras yo leí y volví a leer sus escrituras, muchos de ustedes hicieron diatribas en contra de sus compañeros que se burlan de ustedes. Y ustedes? Alguna vez se han burlado de otros?» Miré aproximadamente doce caras completamente sin expresión mientras uno o dos de los alumnos mas maduros se rieron conmigo, ya entendiendo por donde los estaba llevando.
«Dijeron ustedes que uno de los problemas en nuestro mundo es que la gente miente. Mientes tu, o solo son los demás?» Recorrí el aula con mis ojos, estudiando el semicírculo de alumnos delante de mi, sorprendida por el hecho de que su expresión fija de confusión total permaneció pintada en sus caras. Entonces seguí.
«Que angelitos son ustedes! Bueno, tal vez no necesitemos tocar este tema, porque parece que solo son los demás allá fuera que mienten, roban y pecan. Que bien! Angelitos!» Algunos de mis alumnos se vieron aliviados, malinterpretado mi sarcasmo jovial y creendo que de verdad yo iba a cancelar el tema.
Después de explicar algunas veces mas y en varias maneras que el tema de escritura libre de verdad no fue imposible ni fue algún tipo de trampa, por fin se pusieron quietos y se esparcieron en nuestra aula silenciosa en el segundo piso donde nos reunimos cada viernes. Subí el volumen de la música clásica en nuestra radio roja que había traído en mi maleta de nuestra casa y empecé a caminar en medio de los alumnos mientras escribían, algunos acostados de estomago para escribir, otros sentados cómodamente contra una de las paredes, todos masticando los pequeños confites que yo depositaba uno por uno en el superficie de sus cuadernos mientras escribían.
Mas tarde mientras la clase terminó con rondas de ajedrez y juegos de lógica, cargué mi (extremadamente) pesada maleta para el primer piso de la escuela y con emoción saqué los cuadernos de los niños, ansiosa para ver como respondieron a la pregunta que les propuse.
No! No. No. No. El no entendió. Cerré el primer cuaderno que había abierto, decepcionada que en vez de reconocer su propio pecado, el alumno había seguido con su diatriba contra sus compañeros ‘malos’ que se burlan de él. No se trata de lo que ellos hacen. Se trata de lo que haces tu. No! Tal vez el siguiente vaya a entender mejor.
Entonces abrí el siguiente cuaderno de color brillante en el bulto, rápidamente buscando el tema de hoy después de tantas escrituras anteriores. Mi corazón se hundió al leer la primera oración, y de allí recorrí la pagina y media de su respuesta en frustración. Como podemos ser tan ciegos? Esta alumna, también, siguió con su lista larguísima de quejas acerca de la maldad allá fuera, básicamente repitiendo lo mismo que había escrito la semana anterior acerca de los problemas en el mundo que le hacen enojar.
Pasé por cinco o seis cuadernos con los mismos resultados, y mi corazón siguió hundido de tristeza. Estamos tan lejos de un entendimiento verdadero de quien es Cristo. No podemos aceptar su perdón hasta que podamos reconocer que lo necesitemos. Somos ciegos a nuestra hipocresía, nuestro propio pecado, aun durante la niñez. Padre, ayudanos a ver.
Seguí adelante, frenéticamente abriendo y cerrando los cuadernos uno tras el otro, esperando encontrar por lo menos un alumno que entendió que la maldad que habita en el mundo también vaga en su propio corazón.
Con solo algunos pocos cuadernos faltando hasta llegar al final del bulto, abrí el cuaderno de una nueva alumna en el programa, una niña hermosa de diez años que casi nunca habla y que podría ser el ejemplo mayor de buen comportamiento escolar. Mi corazón brincó mientras mis ojos viajaron por su respuesta:
«A veces soy hipócrita, y a veces miento y casi siempre grito y soy enojada. A veces tengo malos sentimientos a los demas, y peleo. A veces hago bromas. Y a veces juego muy pesado. A a veces no cumplo con mis promesas.»
De mi boca salió «Wo!» en el auditorio vacío de la escuela, y descansé mi espalda contra la pared detrás de mi, sucumbida al gozo. Si esta niña pequeña — quien por todos los estándares humanos parece ser ‘perfecta’ — puede reconocer su propio pecado, ninguno de los demás tenemos excusa alguna!
Entonces seguí adelante, esta vez con nueva esperanza. Procedí con el cuaderno de otro alumno que recién llegó al programa, un varón de nueve años. Su respuesta:
«Algunos de mis problemas que son íntimos para mi y que he cometido son que he dicho mentiras, he cometido bastantes errores y lo acepto pero yo se que Jesucristo el Señor me dará fuerza…A veces me río de los demás y no es correcto…Hoy estuve leyendo la Biblia y ahí encontré la Palabra de Dios y ahí entendí que nuestros errores cometidos pueden ser perdonados por el Señor, para que tengamos vida eterna…Lo acepto porque soy un ser humano como todos, pero si queremos tener vida eternal tenemos que seguir el camino de nuestro Señor Jesucristo. Y acepto todos mis problemas…»
Dejé salir una risa prolongada y pura — un respiro de alivio en forma gozosa. Gracias, Padre.
El siguiente cuaderno, una niña de 12 años:
«Bueno, yo miento. No soy perfecta – solo Dios. Pero cuando miento son mentiritas piadosas (como dicen), pero una mentira es una mentira, así que me arrepiento. Otro problema es que soy resentida y me cuesta perdonar a las personas. Cuando alguien me molesta me pongo triste y empiezo a pensar en todo lo malo que me han hecho y entonces digo, “Que malo(a) es, nunca le voy a hablar,” pero siempre termino perdonando y eso es bueno porque tal que no los perdonaría, Dios no me perdonaría. Otra cosa es que pierdo la paciencia rápidamente…Pero como dice la Biblia (bueno, Jesus), no hay que juzgar a los demás si nosotros también tenemos pecado (mucho mas grande que el do los demás).»
Sostuve en mis manos el ultimo de todos los cuadernos, y lo abrí cuidadosamente. Su autora, una muchacha de 14 años, escribió:
«Uno de los problemas que me hace enojar es…Mentir: Cuando le miento a otras personas. Eso me da furia porque no es bueno. A veces hablo de las demás personas que mienten, pero yo soy otra…Adolescentes rebeldes: Es algo que me duele mucho porque cuando estuve con mi mamá biológica yo siempre le falté respeto y me ponía muy rebelde con ella. Eso me hizo enojar. Al fin de hoy me da pesadilla que le falté respeto a mi mamá, y me hace llorar porque no la cuidé cuando estuve con ella…Lo perfecto: Me hace enojar porque al inmediato de enfocarme en mi belleza y lo perfecta que soy olvido a Dios y lo estoy abofeteando en la cara. Me enoja mucho porque no he querido enfocarme en mi belleza. Dios me perdone.»
1 Juan 1:8-10: «Si decimos que no tenemos pecado, estamos engañándonos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Pero si confesamos a Dios nuestros pecados, el, que es fiel y justo, nos perdonara y nos limpiara de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, estamos diciendo que Dios es mentiroso, y eso muestra que su palabra no habita en nosotros.»